AL PAN, PAN Y AL VINO, VINO


Juan Treviño Zunzunegui

Dueño de rehala | Vocal de la Junta del Real Club de Monteros

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NEWSLETTER LA CARACOLA | Nº 2 | DICIEMBRE 2021


En la revisión y actualización llevada a cabo recientemente del magnífico MANIFIESTO DE LA MONTERÍA se recoge con meridiana claridad los distintos tipos de rehala que existen hoy en día.

  1. Tradicional

  2. De alquiler. Dentro de este tipo hay dos:

  • La que alquila el organizador de la montería.

  • La que alquila un montero para cubrir un puesto. EN ESTE CASO, AL MONTERO NO SE LE PUEDE CONSIDERAR DUEÑO DE LA REHALA.

El problema surge cuando “el alquilador” presume de dueño de rehala y logra engañar al respetable. Vaya por delante que me parece fenomenal y no estoy en contra de que alguien alquile una rehala para cubrir el puesto y de esa manera montee de forma más económica. No creo que sea ni mejor ni peor tener una rehala o alquilarla, pero que quede claro que no tiene nada que ver una cosa con la otra y si un montero la alquila, pero presume de ser el dueño, estará cometiendo un engaño. Que diga que es alquilada y punto. ¡A nadie que alquile un caballo para darse un paseo se le ocurre presumir de tener una estupenda yeguada! ¿Entonces porque la inmensa mayoría de los que alquilan una rehala para cubrir el puesto presumen de ser el dueño de la misma? Sólo puede ser por ignorancia o por picardia, esto último dicho suavemente.


La figura del alquilador de rehala aparece en los años setenta del pasado siglo y a partir de los ochenta y noventa proliferan como níscalos con las primeras aguas de otoño. Por poco dinero y aún menos preocupaciones y dedicación, estos individuos se erigían como auténticos dueños de rehala y a montear. El problema se agrava cuando organizadores y dueños de coto meten en el mismo saco a ambos y los dueños de rehala de verdad empiezan a sentirse maltratados. Los alquiladores aceptan todo tipo de maltrato, por cuatro perras que les cuesta alquilar una rehala (300€ hoy en día) bastante que les den de desayunar y de comer y que les den un puesto, aunque sea en una mancha distinta a la que se está monteando ese día o en una gatera aireando a ver si les entra un guarro. No importa no sortear o que no le den propina a “su” perrero…¡Todo vale! Pero los dueños de rehala acaban desengañados y la inmensa mayoría acaba quitándose los perros y llegamos a nuestros días en los que el auténtico dueño de rehala tradicional está más cerca de la extinción que el lince ibérico.


Lo dicho, llamemos a cada cosa por su nombre. No es una deshonra alquilar una rehala, pero sí lo es decir que es tuya cuando no lo es y por lo tanto engañar al organizador, a los monteros, a los dueños de rehala y a los perreros.


Para terminar, querría resaltar que conozco a unas cuantas rehalas de alquiler sencillamente sensacionales, cuyos dueños son unos magníficos perreros con una afición rayando la locura y que sacan tiempo de donde pueden para atender a sus perros y que además estoy seguro de que les cuesta dinero. A éstas, por lo general, no les interesa buscarse un “señorito” pues por su lado ya les avisan a bastantes más monterías de las que pueden asistir.